DIA DE LA LEALTAD.


Recuerdo de los trabajadores, el día del bautismo de su dignidad, donde
asumieron el lugar de dueños de su propio destino. Después de ese día ya nunca
más deberían bajar la vista frente al patrón y el policía. Lograron construir la
sociedad más integrada del continente, fabricaron sus tractores y sus aviones,
sus autos y sus motos, y se lanzaron a la tecnología de la energía atómica, ese
espacio de la ciencia que todavía nos llena de orgullo. La incomprensión
de los otros fue convirtiendo ese día en muro, en grieta, en fractura. La
memoria lo señala como el día que los humildes impusieron su exigencia y
recuperaron su lugar.
Después de una "década infame" Perón expresa diez años de democracia, y luego
vendrían 18 de exilio y un retorno tan triunfal como sanador, fue Perón el que
convocó al abrazo. Y fueron ellos, la izquierda y la derecha, los enamorados de
los yanquis y los marxistas, los que imaginaron una guerra de vanguardias para
imponer su conducción. Perón expresaba a los humildes, era su elegido, el mayor
nivel de conciencia. La derecha lo había derrocado, la izquierda jamás lo había
entendido. Era la continuidad de las luchas populares, en su retorno se
encuentra con Balbín, con aquel radicalismo que no habían logrado entenderse en
otros tiempos.
El peronismo es nuestra identidad cultural en su forma más
consolidada, es mucho más que una ideología o un partido, es una manera de
pararse en la vida. Es el patriotismo continuador de Irigoyen, esa
patria que para el maestro Marechal "es un dolor que aún no tuvo bautismo". Por
eso el tango, de Cátulo Castillo a Homero Manzi, acompañados de Discepolín,
tiene que ver con esa historia, con ese intento de síntesis de una sociedad
todavía sin una personalidad asentada y madura. Nelly Omar era Malena y llegó a
ser "la descamisada", Hugo del Carril, el cantor que compartía el exilio en su
patria con al poeta Leopoldo Marechal. Uno de los mejores pedazos de nuestra
historia que los golpistas, los otros, nunca termina de aceptar, de asumir, de
asimilar.
Ese peronismo se convirtió en la máscara usurpada por la izquierda para
volverse violencia y por la derecha para privatizar los servicios y degradarnos
en dependientes.
Nuestra antigua y vetusta derecha necesitó de Perón para asumir la
revolución industrial. Fueron siempre admiradores del pensamiento
francés, la economía inglesa y el ejército alemán, todo en una sociedad
integrada mayoritariamente por inmigrantes españoles e italianos. Algo hicimos
para tener récord de psicoanalistas y pacientes. Claro que todavía estábamos
enamorados de Europa, donde la integración social incluye a todos sus
habitantes. Luego se impondría la verdadera decadencia, imitar al imperio de
turno, donde el destino lo marcan la ambición y la codicia, que acumula riquezas
y poder desmedido sin que nunca les llegue a sus necesitados. Peor aún,
disfrutando de imponer sus normas a los marginados.
En aquel día de octubre nació la patria para todos, ingresaron los
últimos que quedaban afuera. Fue la industria y el deporte, la mística
y los planes quinquenales, gobierno de mayorías que tuvo errores, como toda
reivindicación de una clase oprimida. Del otro lado solo hubo golpes de Estado,
contra Perón primero, Frondizi después y finalmente contra Illia. Y luego contra
Isabel, asesinaron demasiado, ellos eran los antiperonistas. Muchos de ellos
reviven hoy como si no tuvieran nada que lavar en sus conciencias. Hubo
radicales, peronistas y otros partidos menores, pero el poder real fue siempre
golpista y gorila como los que gobiernan ahora.
Perón se abrazó con Balbín, juntos marcaron el único rumbo del
destino. Podemos imitarlos como es necesario, imprescindible, o volver a los
odios como pareciera soñar el Presidente. Este Gobierno nació con
muchos que lo votamos para huir de Cristina, y fue duro encontrarnos con el otro
lado del rencor. De aquel abrazo tan necesario para recuperar el mañana, de ese
parece que no aprende nadie. Dicen confrontar con el peronismo, pero su enemigo
real es la política, y su vocación, trasladar riqueza de los humildes a los
poderosos.
Fue en octubre cuando salieron los obreros, el peronismo les devolvió su
dignidad, luego, sus enemigos y algunos en su nombre los convirtieron en
marginales.
En ese octubre lo popular asumió el protagonismo en nuestra historia, es hora
de aceptarlo, es imprescindible para recuperar el sueño de la patria. El resto
son solo elucubraciones de los mercados, solo generan miseria.
Dio dignidad al trabajador y llevó la distribución de la riqueza a su mayor
participación obrera. Ellos, los gorilas, saldrían a matar y endeudar en su
último golpe, luego la traición de Carlos Menem consolidaría el modelo
de concentración de la riqueza, y los Kirchner se ocuparían más del poder
personal que de la reconstrucción de la sociedad.
Fue un octubre cuando consolidamos nuestro desarrollo e integración social,
ese logro cuya ausencia convierte hoy la riqueza de pocos en la miseria de
demasiados. Aquel octubre fue alegría, este octubre está más cerca del
llanto.